divendres, 15 de febrer del 2008

TIMIDEZ

Señorita Mari Beth,
Soy el nuevo vecino del cuarto, el moreno bajito que a veces sube con usted en el ascensor. Claro que, bien pensado, es posible que con esa descripción no me reconozca, porque usted vive en el segundo y no puede saber en qué piso me bajo y porque, aunque la vieja bruja gorda de mi rellano le hubiera hablado de mí, yo siempre llevo una capucha amarillo limón y gafas de sol verdes para pasar de incógnito. Quizá si le digo que soy el que no le dirige la palabra ni para corresponder sus buenos días, se acuerde mejor de mí.
Debe disculpar mi mala educación, de verdad que lo siento. No es que desprecie su cumplido, lo que ocurre es que sufro de una vergüenza desmedida y crónica que me impide cualquier relación normal con los demás.
Lamento tener que estorbar su intimidad, pero si me atrevo a escribirle es porque necesito informarle de una cuestión urgente y soy incapaz de llamar a su puerta para decírselo. Seguro que en cuanto se lo explique comprenderá. Y si no es así, le ruego me perdone por no haberme expresado bien. Nunca hablo con nadie, y puede ser.
El caso es que hace escasos minutos, justo los que he empleado para pensar si debía escribirle o no, llegar hasta esta mesa, conectar el ordenador, abrir el word, y teclear el texto que precede a esta palabra, me ha llegado un cierto olor a quemado que me ha hecho pensar que, efectivamente, se quemaba algo. He seguido el rastro viciado del humo y éste me ha llevado al balcón. Venía de su casa. Lo sé porque de una de sus ventanas, la que está justo debajo de la habitación que yo uso de despacho, en la que, por cierto, ahora me encuentro, salía una espesa nube negra. Para asegurarme de que no se trataba de una falsa alarma, he esperado a que algún otro detalle me hiciera creer que no se trataba de una falsa alarma y que, efectivamente, se quemaba algo. Y la espera ha sido productiva, porque al poco han aparecido unas llamas que iban creciendo por momentos.El hecho de que usted acabara de subir conmigo en el ascensor me ha llevado a la conclusión de que estaría en casa, y he creído conveniente avisarla a toda prisa para que tuviera tiempo de apagar el fuego. Por eso no usaré el buzón y le echaré esta carta por debajo de la puerta. Como soy de una timidez exagerada, me iré antes de que usted la abra. Eso me obligaría a dirigirle la palabra y a...
Perdone que no siga, pero las llamas llegan hasta mi balcón y debo ir a buscar la capucha gualda que tengo ahí tendida.

Aprovecho para desearle feliz Navidad, Mari Beth.

Atentamente.

El vecino